
He aquí un estudio magistral de la vida interior, escrito por un corazón sediento de Dios, ansioso de alcanzar por lo menos los linderos de sus caminos, y conocer lo profundo de su amor por los pecadores y las alturas de su majestad. ¡Y todo esto escrito por un atareado pastor de la ciudad de Chicago!¿Quién puede imaginar a David escribiendo el salmo veintitrés en una ruidosa oficina comercial, o a un místico de la edad media hallando inspiración en el segundo piso de una casa de vecindario en una atestada ciudad moderna?Donde se cruzan las sendas de la vida y hay gritos de razas y de clanes en antros de vicio y de miseria donde las sombras están llenas de terrores y se ocultan la lujuria y la avidez. Como lo dice el doctor Frank Masón North en su inmortal poema, lo expresa también el señor Tozer en este libro: Por encima de ruidos y egoísmos Hijo del hombre, oímos tu voz.Mi conocimiento del autor de este libro se reduce a unas cuantas visitas que hice a su iglesia, donde compart