
La primera sección de las dos en que se divide el libro de Esdras (cap. 1–6) ofrece una detallada información sobre el tiempo que siguió al retorno a Jerusalén de los judíos exiliados. Bajo la supervisión y la dirección de Sesbasar y Zorobabel, los repatriados llevaron importantes riquezas (2.66–69) y, lo que es más significativo, «los utensilios de la casa de Jehová que Nabucodonosor se había llevado de Jerusalén» (1.7). Sin embargo, la alegría del regreso fue efímera, pues no tardó mucho en verse ensombrecida con problemas y dificultades. En cierto momento llegó a cundir tanto el desánimo entre los trabajadores, que hasta la reconstrucción del Templo quedó suspendida (4.24). Finalmente, la personal decisión de Zorobabel y de otros responsables, unida a la palabra profética de Hageo y Zacarías (5.1; cf. Hag 1.1, 12–15; Zac 4.6–9), posibilitaron que el año 516 a.C. se celebrara la dedicación del santuario único de Jerusalén.La segunda parte del libro (cap. 7–10) se refiere a la activ