
Isabel, en sus setenta y cinco años, debe pasar la pandemia encerrada en su departamento en Quito. Desde ahí nos narra las historias del cabo Toapanta y demás personajes de la realidad ecuatoriana. Con gracia, humor y de manera crítica conocemos los desatinos de la política, las injusticias sociales, la corrupción, a través de los ojos de sus personajes.