
Unos días después que David Grusch junto a dos comandantes aeronáuticos develaran ante el congreso de USA, la existencia de visitantes de otros planetas, en el hemisferio sur y más precisamente en la distópica capital de Argentina, los ciudadanos inauguran una jornada brumosa y húmeda, llena de siluetas casi indistinguibles; no es una jornada más, cubriendo el cielo y hasta el horizonte, se percibe una gigantesca nave espacial.<br /><br />Los que apuran el paso para llegar a horario a una oficina, se mezclan con los que en retroceso, buscan dejar la noche para llegar a sus casas, mientras que de las bocas del subte emergen miles de personas que aún están conmovidos por las noticias radiales. De pronto un flash como de cámara fotográfica, paraliza todo por una décima de segundo, es casi imperceptible el cambio, pero allí está, Buenos Aires ha perdido su memoria, ya es otra.<br /><br />Desde la barranca que rodea la Plaza de Mayo, emergen dos figuras grises; son dos hombres del montón y