
La voz de los seres espirituales no llega a los oídos como las palabras de los seres materiales. Los ángeles hablan al pensamiento, y su voz se reconoce en los buenos deseos que se nos ocurren. Estas buenas ideas pueden ser voz de Dios o nuestros propios pensamientos -a veces un juicio de conciencia-, pero también la voz de los ángeles.