
Hay silencios delictuosos y existen palabras infames. Callar sobre el problema sexual es un delito.Hablar equivocadamente sobre el problema sexual constituye también otro delito. Si los padres y maestros callan, los pervertidos sexuales hablan y las víctimas vienen a ser los adolescentes inexpertos.Si el adolescente no puede consultar a padres ni a maestros, consultará entonces a sus compañeros de escuela posiblemente ya desviados por el camino equivocado.