
Entre los delirios causados por el encuentro de las disciplinas, que, lamentablemente tienen poca cabida en este imperio del rey, surge la necesidad de deleitarse, de dejarse llevar por las voces de puras lolas habilosas que merecen ser escuchadas por el común de los mortales. Que la recuperación y el estudio de las narrativas latinoamericanas se abran paso en el abatimiento cotidiano de quienes no tenemos donde caer muertas.