
El Dios de Jesucristo no es el Dios que lleva cuenta de “los delitos”. Por eso en la cruz Jesús muere diciendo a su Padre Dios: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. El Dios de Jesucristo es Padre porque Él perdona, porque Él comprende. Y si a Jesús lo llevaron a una cruz y lo mataron fue porque precisamente no entró en el juego del castigo y del premio (la ley de la retribución) ni en el de tener acepciones de personas. A Él no le importó –por ejemplo- entablar diálogo con mujeres (cosa que estaba prohibida por la ley judía) y menos que fueran “pecadoras”. A Él le importó que se experimentaran y se supieran dignas de todo respeto. Eso fue lo que les hizo cambiar. El Dios de Jesús compromete a la vida, compromete a ¡AMAR SIN CONDICIONES!