
En el año del Señor de 1.096, decenas de miles de peregrinos cristianos salieron de sus hogares para liberar Jerusalén del Islam en una expedición que ha ll egado a nosotros como la Primera Cruzada. Tardaron un año en atravesar Europa, cruzar el Bósforo y vencer a los turcos en Nicea y Dorilea, antes de plantarse ante la ciudad que guardaba las puertas de Siria, Antioquía, a la que pusieron asedio. Ocho meses después, la situación es insostenible. Los cristianos se mueren de hambre esperando que la necesidad de los turcos sea mayor que la suya y rindan la ciudad por inanición; los asediados soportan el sitio mientras aguardan la llegada de Kerbogha, el emir de Mosul, al mando del mayor ejército musulmán de la época.