
Pleno siglo XXI, acceso rápido y sencillo a Internet, pornografía al alcance de la mano y jóvenes consumidores que pasean libres ¿y seguros? por la red. ¿Debemos regular los contenidos? ¿Caemos en el puritanismo religioso si lo hacemos? ¿Está la pornografía generando comportamientos aprendidos? ¿Somos sexualmente libres? Quizá es hora de plantearnos más sobre uno de los temas de los que menos se habla.