
A todo padre con hijos pequeños le asaltan dilemas más a menudo de lo que le gustaría: ¿Le hago la comida a la niña o veo ese episodio de Juego de Tronos que tengo pendiente? ¿Baño al enano o acabo el capítulo de Breaking Bad que dejé a medias? ¿Saco al parque a los muchachos o finiquito de una sentada la temporada de La Casa de Papel? Habitualmente, el pequeño angelito que aparece sobre el hombro izquierdo del desdichado se acaba imponiendo al demoniete que se presenta sobre el hombro derecho, y se anteponen las necesidades de la prole a las del buen seriéfilo. Es un drama del que se habla poco, pero que está muy presente en nuestra sociedad.Por ello, algunas víctimas de tan terrible situación hemos pensado reunirnos alrededor de unos micrófonos y, sin grandes pretensiones pero desde la experiencia que da el funanbulismo constante que exige el reparto de tiempo entre hijos y ocio, proponemos una actividad: plantear en cada programa una serie, película u otro producto cultural, disfr